Anécdotas y Reflexiones | Cosas de princesas | Destinos

Mini vacaciones en Las Landas

3 septiembre, 2017

Llevo un tiempo bastante ajetreada y aprovecho ahora , durante las 5-6 horas de vuelta de nuestras mini vacaciones, para contaros dónde hemos estado.
Mi marido trabajaba el viernes a la mañana y después tenía libre sábado y domingo, así que decidimos quedar con unos amigos en un lugar intermedio, bueno, de intermedio nada, pero sarna con gusto…
El viernes tras salir Gorka de trabajar, preparar todas las maletas, como si nos fuéramos durante meses, emprendimos la marcha sobre las 16:30,creo que fueron las cinco horas y media más largas de mi vida.Ya nada más salir del garaje, Martina me preguntó: “falta mucho?”


Las niñas no paraban de quejarse y cuando no lo hacían a la vez, se relevaban, pasándose el testigo. Estoy por llevarlas a un centro de canto para que les eduquen la voz.
Los anteriores viajes se entretenían bastante hasta que me robaron los IPad de la furgoneta y nos quedamos sin entretenimiento para las niñas. Opté por comprarles una baraja pero se pegaban. Se hacían trampas. Esto ya os lo contaré en otro POST.
Llegamos casi a las 22:00h. Yo a Martina no la quise decir en ningún momento ni el lugar ni la compañía. Asi que llegamos a las Landas, al suroeste de Francia, a un camping llamado Sylvamar. Siempre he comentado lo que me gustan los campings, más bien la vida que pueden hacer los niños y la libertad que tienen para experimentar.

Y no solo es instructivo para los peques por aquello de la convivencia con otros niños, sino también para los adultos. Mi padre aprendió idiomas gracias a mí. Os cuento: cada vez que llegábamos a un camping mi padre me ponía en la ropita con un imperdible el número de parcela y al de un rato volvía de la mano de un francés, un inglés, un alemán etc. Mi padre le agradecía su amabilidad al tiempo que se disculpaba por los “relojes” que por aquella época dejaba marcados en los brazos de los otros nenes.
Nosotros cogimos dos bungaló de 6 y 4 personas, maravilloso! Es el lugar perfecto para ir con niños, hay piscinas descubiertas con flotadores para ir por “Los rápidos”, toboganes para que los niños echen carreras y unas piscinas cubiertas en las que “las mellis” disfrutaron muchísimo. En esta última cubría muy poquito y tenía diferentes toboganes pequeños, chorros, cubos…


Ahhh!!! los toboganes qué recuerdos me traen. Mi padre era un especialista. Le gustaba hacer alardes en los aquaparks y se subía al más alto. Con qué gallardía iniciaba el primer tramo del descenso! Luego la cosa, o sea mi padre, se iba torciendo, haciendo una muy poco digna entrada en el agua de cabeza y con el bañador en los tobillos.
Era muy poquito lo que íbamos a estar así que nuestra intención era exprimir estos dos días al máximo y así ha sido.El sábado pasamos toda la mañana en las piscinas y a la hora de comer decidimos ir a la playa de Labenne a 1 minuto en coche del camping. Había 2 chiringuitos, comimos algo rápido en uno de ellos y nos bajamos a la playa, unos bañitos y al centro comercial a hacer compra para una barbacoa, eran la 20:00h y todas las tiendas estaban cerradas excepto el Carrefour de éste. Hacer la compra y al camping de nuevo.


Nuestros amigos tienen dos niñas. La verdad es que casi todos nuestros amigos tienen niñas. Supongo que los niños los harán otros, si no… mal vamos. Mientras nosotros hacíamos la barbacoa las niñas no paraban de jugar. Se van a echar tanto de menos….! Bueno, no es hora de ponerme nostálgica!Cenamos, charlamos, reímos y cada mochuelo a su olivo. Esa noche tuvimos un grillo como compañero de albergue. No cantaba bien, pero era muy insistente. Una vez que di con él y dado que no soy egoísta y me gusta compartir las cosas, se lo pasé al vecino por una rendijita que había en el suelo. A la mañana siguiente le encontré como malhumorado y con más ojeras que un mapache. Yo creo que es gente que no sabe apreciar lo que la naturaleza nos regala en el día a día. Nosotros nos levantamos pronto, frescos como lechugas. El camping teníamos que dejarlo a las 10:00h y lo hemos dejado a las 11:15h. Como comprenderéis, muchas veces intentar ser puntual con 3 princesas guerreras es imposible. Duchas, maletas, vestirlas, desayunos…. Y una vez listos nos hemos ido a Bayona a pasar el día, paseito, comer, parque (por supuesto, hay que encontrar un parque donde las niñas  suelten todo lo que llevan dentro) -me refiero a energía y esas cosas, lo otro va al pañal- merendar y otra vez al coche para volver a nuestro nuevo hogar. Y aquí vamos, nenas dormidas y conductor y copi, que soy yo, despiertos aunque tengo que decir que me empiezan a picar un poquito los ojos, en un rato me pongo las gafas, me pongo tiesa y a dormir disimuladamente! Ya os contare en el momento que despierten, cuántas veces he intentando tirarme por la ventanilla!
Besitos a tod@s!

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Anécdotas y Reflexiones

Watsu

25 abril, 2017

Escribo ahora mientras espero a que mi marido acabe su sesión de Watsu, porque no quiero que se me olviden ninguno de los detalles ni sensaciones que he sentido en esta nueva experiencia para mí.

Watsu es una disciplina de trabajo corporal acuática. Es una técnica muy potente, no solo a nivel físico, sino también para aliviar el estrés mental.

Hemos ido a casa de María, —así se llama la fisioterapeuta y especialista en hidroterapia—; esta técnica la realiza en la piscina de su casa, sin cloro, a una temperatura del agua de entre 34 y 36 grados.

Me he plantado el bañador y ya meter los pies en el agua es una auténtica maravilla. Le he preguntado si me recogía el pelo, ella me ha dicho que como me sintiera más a gusto, así que… melena al viento —o al agua—, me he quitado el reloj y gomas de las muñecas y ella ha empezado a darme unas indicaciones.

Primero me ha puesto en cada pierna un flotador para proteger la zona lumbar; me dice que en el momento en que le dé una señal, apretando sus manos, comenzará la experiencia. Me recomienda que mantenga los ojos cerrados para facilitar la relajación.

Comienza a moverme por la piscina mientras me va tocando diferentes partes del cuerpo, al mantener los oídos dentro del agua solo escucho mi respiración y el movimiento del agua.

Ella guía mi cuerpo en movimientos amplios y fluidos, el agua interviene en este movimiento y facilitando estiramientos más o menos profundos, mi cuerpo se deja llevar relajado. Hay momentos en los que la sensación que tengo es como si me encontrara de nuevo en el vientre materno, en silencio y escuchando solamente mi respiración en el líquido amniótico que rodea mi cuerpo.

Cada movimiento que ella hace con mi cuerpo es sutil, suave, delicado… como cuando alguien coge algo con cuidado para que no se rompa. Me siento bien.

María domina la técnica hasta el punto que puede masajear mi cuello con las dos manos sin dejar de dar sostén al resto de mi cuerpo.
La sesión dura alrededor de 45-60 minutos.

Hay momentos en los que vuelvo a la realidad y solo soy capaz de pensar: “que esto no este llegando a su fin, por favor”. Pero todo lo que tiene un principio tiene un final.

Llega el momento de ir terminando mi sesión, ella me va acercando a uno de los bordes de la piscina, me quita los flotadores de las piernas y noto cómo se van sumergiendo levemente, como las hojas que en otoño se van precipitando de los árboles. Intenta que mis plantas de los pies estén bien apoyadas en el suelo y mi cuerpo esté como sentado. Ella toca mi cuello, mi cabeza.

En el momento en el que apriete mis manos de nuevo se habrá acabado la sesión. Llegó el momento, me toca las manos y se va alejando, dejándome espacio para que una vez que yo abra los ojos tenga la libertad de sumergirme, nadar o simplemente mantenerme en esa posición. Me sumerjo y cuando saco la cabeza del agua solo tengo palabras para decir: ¡ha sido increíble!

Si queréis más información, podéis seguir a WatsuBilbao en Instagram o en Facebook.

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De nombres va la cosa

18 abril, 2017

Como podéis observar muchas de las que me seguís, los nombres de mis hijas no es que sean los más vascos, y no por que no me gusten, sino porque hay nombres castellanos que me encantan.

Cuando era pequeña y la profesora pasaba lista en clase, mis compañeros levantaban la mano al oír un “Idoia”, un “Olaia”, o un “Ioritz”, entre otros muchos nombres euskaldunes, pero la aquí presente la levantaba cuando le tocaba el turno a Carmen Esperanza Milagros: “sí, presente, pero por favor, para la siguiente vez con que digas solo un nombre es suficiente, gracias”. Si había profesores que pudieran pensar que “recitaban” nombre con sus dos apellidos, mucha casualidad hubiera sido tenerlos tan “elevados”.

A medida que me iba haciendo más mayor, mi nombre iba variando; había amigos que me llamaban Espe, otros Milatxu… dependiendo en que edad me encontrara (supongo que para cuando cumpla alrededor de los 80 pediré que me llamen Milagros).

Estos nombres tienen su explicación: Carmen viene por la madre de mi padre; Esperanza, por la mujer que cuidaba de mi padre cuando era un crío y con quien íbamos a pasar todos los domingos. Espe nos trataba como si fuéramos sus nietos y a mi padre como si fuera su hijo, por supuesto. Era la mujer del guarda forestal de Arcentales y vivía en una casa en el monte —imaginaos abrir la puerta de casa y tener una vaca monchina guiñándote el ojo—. La verdad que era maravilloso poder disfrutar de la naturaleza de esa manera. Esto también tenía sus cosas negativas, como ser minuciosamente revisados por mi madre —mi hermano y yo— para ver si nos habíamos traído a nuestra casa alguna que otra garrapata.

Milagros es el tercero de mis nombres y me lo pusieron por mi abuela por parte de mi madre, una gran mujer que se dedicaba a la enseñanza y fue —y es— muy querida por todos aquellos que tuvieron la oportunidad de ser sus alumnos. Recuerdo cuando yo subía al camarote a coger fichas de cuando ella ejercía, como las de “mi mama me mima mucho”, y jugaba a que yo también era maestra; o cuando iba a comer a su casa y nos podíamos pasar horas y horas sentadas en la mesa de la cocina hablando y haciéndonos una gran compañía. ¡Cuanto te echo de menos!

Yo siempre tuve claro que los nombres de mis hijas serían castellanos, me parecen más atractivos, aunque ya sé que es cuestión de gustos. También es cierto que hay nombres en euskera que a mi marido le encantan: Erlantz, Eneritz, Ustaritz, Olatz —sí, principalmente los acabados en “tz”—. Si mi abuela levantará la cabeza no hubiera sabido pronunciarlos ni en dos vidas.

Luego también están los nombres de gente con la que no has hecho muy buenas migas; hace un tiempo leí una frase: “no eres consciente de cuanta gente te cae mal hasta que tienes que escoger el nombre de tus hijos”, y es totalmente cierto, siempre hay nombres que te recuerdan a alguien tanto para positivo como para negativo.

Martina nos encantaba a los dos, a mi marido y a mí, y no me daba la sensación de que estuviera tan oído; eso sí,fue nacer Martina y parecía que no había más nombres que ese. No relacionábamos el nombre con nadie y nos encantaba.

Llegó el turno de las mellis y yo le comentaba a mi marido que los nombres tenían que ser castellanos para que fueran en sintonía con Martina. Teníamos claro que una de las mellis se llamaría Manuela porque tenemos una amiga encantadora de Suiza y su nombre siempre nos gustó.

Valentina es un nombre que siempre me llamó la atención, pero a mi marido no parecía seducirle mucho, y en una vuelta de unas vacaciones lo convencí.
No sé si os pasará a vosotras, pero una vez puesto el nombre a mis garbancitos, el embarazo lo vivo de otra manera, como más ilusionada.

Embarazada de las mellis, los amigos me preguntaban a quién pondría cada nombre. Estaba claro que en mi caso no podía esperar a verlas la cara para ver a quién le pegaba qué nombre, así que… “la que nazca primero será Manuela y la segunda Valentina”.

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Anécdotas y Reflexiones

El aceite de palma

6 abril, 2017

Llevo alrededor de dos semanas dándole vueltas al mismo asunto: ¿qué es lo que comemos? ¿Qué tipo de alimentos y de qué ingredientes están compuestos?; y si os soy sincera, es algo que me preocupa mucho.

No sé si yo no era consciente y siempre ha sido así, pero me da la sensación de que cada vez enfermamos con más frecuencia. Siempre hay gente a tu alrededor con problemas de salud y creo que, en gran medida, nuestra forma de alimentarnos es la gran responsable.

Esta claro que no podemos garantizar la calidad y seguridad de los alimentos que ingerimos: son las grandes industrias, gobierno…, los que se tienen que hacer cargo de ello, y esta claro que la industria no esta mirando por nuestra salud como debiera. Muchos son los supermercados que han hablado con sus distribuidoras para que eliminen de sus productos el famoso aceite de palma; sí, ese aceite que utilizan porque es mucho más barato que el aceite de girasol y con el que consiguen incrementar sus ganancias; pero ¿a costa de qué? Sí, de nuestra salud.

¿Qué ocurre con este aceite?
Se ha convertido en la materia prima de elaboración de una amplia gama de productos con fines tanto alimenticios como cosméticos. Alta proporción de grasas saturadas, por supuesto, dañinas para la salud. Por no hablar de que el cultivo de este aceite ha provocado grandes deforestaciones de bosques tropicales con el consecuente daño a las especies que los habitan, lo que conlleva al peligro de extinción de esas especies como el orangután y el tigre de Sumatra.

Pues bien, nada positivo puedo decir de este aceite; eso sí, las grandes industrias se limitan a decir que hay productos en los que el aceite de palma no es sustituible porque el producto no sería tan crujiente, ya que aporta consistencia, alarga la vida útil del producto y evita que se deteriore visualmente. ¿Perdona?

No me quedo más tranquila cuando leo que su uso está permitido internacionalmente, aunque la OMS aconseja limitar su consumo. Ahora bien, yo voy a Eroski cada día y me da la sensación que en vez de ir a un supermercado voy a una biblioteca: ¿qué puedo consumir que no tenga aceite de palma? Si vas a la zona de galletas, bollería…, y coges 4 productos al azar, siendo muy positiva, 3 de ellos contienen aceite de palma. Y en realidad es muy triste que alimentarte de algo para poder vivir te vaya colapsando las arterias con colesterol malo; así que creo que mi carro de la compra se va a ver muy limitado en pos de curarme en salud. Así que si las empresas que producen sus alimentos, lo hacen con aceite de de palma, que no cuenten conmigo que yo me bajo de este barco.

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Pon un animal en tu vida

20 marzo, 2017

Los nombres de las mascotas de los americanos son siempre espectaculares: Silver, Blondie, Rex.
En mi familia la imaginación no la utilizábamos para poner los nombres de nuestras mascotas; si bien hemos llegado a tener casi tanta variedad animal como Noe en su arca, los nombres de los pequeños inquilinos no variaban mucho: una tortuga llamada Tecla; un loro llamado Lucas; un pollito de colores llamado “Qué poco nos ha durado”, y ahí se agotó nuestra imaginación, TODOS LOS ANIMALES QUE HABITABAN EN NUESTRA CASA, dando igual si eran hembra o macho, se llamaba KUKI. Sí, algo así como los “Bola de Nieve” de Lisa Simpson pero con defunciones menos agresivas. Kuki, la cotorra; Kuki, el gato persa; Kuki, el gato siamés… Con el cambio de vivienda y mi consiguiente independencia, la adquisición de nuevos compañeros de vida ha llevado acarreada cambios también en la elección de los nombres. Tengo que decir que cuando conocí a mi marido tuve que traerme a mi nuevo hogar a kuki, un bulldog francés que con el cambio de aires pasó a llamarse Burton –es broma, Burton siempre fue Burton; un animal pequeño y compacto pero con una capacidad para soltar cuescos muy por encima de nuestro aguante para permanecer en apnea–.

Taylor —un bulldog Frances– y Kenya —un Terranova—, además de Luis Angel –un adulto con complejo de Peter pan— son los otros animales que pululan por estos rincones. Solo tenemos tres perros, pero soy de las que ven un perro o un gato en la calle y se lo quieren llevar para su casa. Ah, y Copo II, Nieve y Chupón, tres pececillos que la verdad es que no salen mucho de su pecera.

Dice mi marido que uno de los contras de tener tantos animales en casa, es que se pasa el día recogiendo trufas del jardín (sobre todo antes de que vengan invitados o la jardinera, que es que mezclar trufas y desbrozadora como comprenderéis no es plan (ya sabéis: si visitáis, avisad con antelación —4 o 5 horas— ; por cierto, vendemos trufas al por mayor.

A ver, “Kukis”, de lo que yo os quería hablar es de la relación entre mis niñas y mis mascotas, partiendo de las maravillosas experiencias con animalitos que tuve desde niña. No todas fueron para echar cohetes y muchas de ellas fueron más que lamentables, porque como os imaginareis, en casa de mis padres no habita la cantidad de animales que os he mencionado antes; aunque seguro que ya sospechabais algo acerca de “Qué poco nos ha durado”. Siendo la curiosidad de nuestros hijos ilimitada, tarde o temprano acaban preguntando acerca de un tema tabú como es la muerte, y, tristemente, tanto como cierto, nuestras mascotas son los primeros amigos que tienen, y los primeros en perder; con lo que la perdida de un animal querido puede servirnos como herramienta para explicar a nuestros hijos algo tan delicado.

La bolsa de la basura, ahí es donde me encontré a Kuki, nuestra cotorra. Mi madre me había explicado que la pobre había ido al cielo; yo la verdad es que me imaginaba un cielo con menos plásticos y peladuras de fruta.

Hay despedidas que son para siempre. Mamá gustaba de salir al balcón con el loro en el hombro; sí, como si fuera un pirata, solo que en las películas, el loro está en un barco rodeado de agua, y no tiene muchos sitios a los que ir, y en un balcón… Hasta luego, Lucas.

En mi casa, la única baja que hemos sufrido ha sido la de Copo I, y al ser la primera en sufrir en familia, le dimos una noble despedida: lo tiramos al retrete y disparamos tres salvas de cisterna en su honor –como si volviese al mar–.

Las mellis aún son muy pequeñas, pero Martina tiene una edad en la que queremos inculcarle la responsabilidad que conlleva tener una mascota. Ella se encarga de dar de comer a los peces, y muchas veces a los perros –aunque estos últimos con las galletas que roban a las mellis se pueden dar por alimentados (claro, porque si son los peces los que roban las galletas a las niñas, aquí hay alguien que no está en su medio natural)–.

Conocen, nuestras peques, el amor incondicional y la necesaria compañia –los peces menos, pero también. Les tengo mucho cariño– de los primeros amigos. Burton, Taylor, Kenya siempre están dispuestos a dar mimos a las peques, aunque a veces alguna de la mellis,en un imprevisto, caigan al suelo.
En esta casa los besos se dan en cantidades industriales.

Durante una temporada Martina, insistía en que quería un caballo –aunque también nos ha pedido dos hermanitos y nanai (para quien me lea de fuera del Pais Vasco, “nanai” no es un nombre vasco)–, pero bastante tiene mi marido con el tamaño de las trufas de un Terranova, como para que encima la jardinera nos coja la baja.

Creo que el poder permitirnos criar a nuestros hijos rodeados de “pequeños amigos” es una de las mejores decisiones que hemos podido tomar, esa y aquel octubre que fuimos veganos –por temas de alimentación y de desgaste físico, y también de hambre y sobre todo de una fuerza de voluntad bastante distraída tuvimos que volver a la dieta de antes–.

Buenos dias!!!

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Anécdotas y Reflexiones

Historias de un camping

8 marzo, 2017

Desde bien pequeña recuerdo ir con mis padres y mi hermano de camping; pasábamos largas temporadas de acampada, es decir, no éramos de los que cambiábamos cada fin de semana de asentamiento. Era por ello por lo que tanto mis padres como nosotros teníamos la cuadrilla hecha. La verdad es que nunca nos costó mucho hacer amigos, porque siempre hemos sido personas muy abiertas sin muchas taras ni desvaríos! Jaja

El primer camping que yo recuerdo fue el de Frías, uno que estaba situado a pocos kilometros de Burgos y pegado a un castillo que besaba desde arriba el río Ebro.
Hace unos dos años el temporal lo arrasó y ya no queda nada de él, pero en el recuerdo no dejará de formar parte de nuestra infancia a pesar de algo tan inoportuno.
El camping era increíble, tenia diferentes zonas: una, las de los módulos y caravanas; otra, con las casitas de madera. Tenías la opción de ir por el río en un pedaló con tobogán, podías montar en un poni llamado Morito.

Yo siempre he querido veranear en un camping, y a mi marido muchas veces le comento que es una experiencia chulisima. Para mí fueron de los mejores años de mi vida y me encantaría que mis hijas lo vivieran de la misma manera que yo lo viví.

Nosotros pasamos de tener tiendas de campaña a comprar una caravana con un baño, 3 literas y un pequeño saloncito que se convertía en cama de matrimonio-recibidor de todos los mosquitos imaginables; porque esto es así: vivir en la naturaleza tiene sus maravillosas ventajas y sus pequeños riesgos. ¿Os acordáis de cuando a Macauly Culkin en “Mi chica” le pican un montón de abejas…Bien, pues yo me caí de un árbol; aún lo tengo en la memoria: tendría unos 6 años; en frente del camping había un inmenso trigal (sin tigres con hambre) por el que muchas veces nos paseábamos con los caballos y el poni. Había un árbol en mitad de la plantación dorada, árbol que nos veía crecer, no tengo constancia de que se moviera mucho de ahí.

Una tarde, mis amigos y yo decidimos subir. Apoyé la cabeza en una rama y las piernas en otra, y cuando desperté… Estaba en el suelo: ¡menudo hostiazo! Vi a todos mis amigos alrededor y acto seguido perdí la vista de vista; vamos, que dejé de ver.

Me cogieron de los brazos y yo a la gallinita ciega les pedía que no se lo contarán a mis padres. Casualidad que mi madre estaba limpiando y secando los platos en el fregadero mientras se acababa de hacer la lavadora:
-Carmen, hija!! ¿Qué te pasa?
-Pues que me he caído del árbol del pajar y no veo; también me duele la muñeca.
En fin, que por el camping podías andar con total libertad, todos los de la zona nos conocíamos y yo desde bien pequeña iba de un lado a otro sola. Eso si, debía de ser de las de “bocado”.
Mi madre siempre me ha dicho que me llevaban con un cartel en el que ponía: “Cuidado, muerde” y el número de la parcela. Cada cierto tiempo me solían acercar a mi caravana para que a mi madre no se le olvidara mi cara.

Entre mi hermano y yo nos solíamos pasar los días entre médicos y hospitales, y ahora tenemos convalidado tercero de enfermería y un master de punto de cruz.

Una noche en la que mi hermano estaba sentado sobre una jaula de hierro en la que se guardaba el pan, detrás de la recepción, la madre de la dueña se asomó a la ventana para llamarles la atención por el ruido, y mi hermano, del susto, saltó de la cesta y se clavó uno de sus hierros debajo de la rodilla. No sé cuántos miles de puntos le dieron, pero le quedó una cicatriz con el dibujito de Batman (que no le ha restado atractivo. Muy chulo, oye.

Otra vez, mis padres y yo nos fuimos a dar un paseo y cuando llegamos, mi hermano no estaba: le habían llevado al hospital; se había desplomado con la bici por un precipicio por asomarse mucho a ver a unas chicas que debían estar con escasa ropa.
Volvió todo orgulloso con el brazo escayolado y con todas las partes del cuerpo magulladas.
VERSIÓN B (la de mi hermano y, al parecer, la real): iba yo dando un paseo por la costa montado en una bici en la que solamente funcionaba un freno. En ese recorrido se jodió el que quedaba y me dio por bajar una cuesta sin examinar la pendiente. Conclusión: brazo roto, más de diez puntos en la cabeza y heridas por todo el cuerpo (sé que la versión A es más comercial).

Mis padres no ganaban para sustos!!

Una cicatriz que tengo en la ceja es por que reté a una “amiga” a tirarme una piedra.
-¿A que no me la tiras?
Pues sí. Toma pedrada.

Todavía os preguntaréis si de verdad es buena idea llevar a vuestras hijas de camping. Por supuesto que lo es. Como he dicho antes, fueron los mejores años de mi vida; donde tenías esa sensación de libertad y el contacto constante con la naturaleza. Tan pronto podíamos jugar a hacer chipi chapa con las piedras como una guerra de bellotas, hacer equipos para jugar a polis y cacos o simplemente sentarnos a hablar durante horas.

Os recomiendo los campings porque, en parte gracias a ellos, hoy por hoy, soy una persona con juicio y sensata. “Toldos con nata, como con fresones, pan tumaca, pocas cosas hay mejores”.


Esta de la foto soy yo! ☺

¿¿Vosotros habéis estado de camping?? ¡¡Contadme alguna aventurilla!!

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Prueba de audición

7 marzo, 2017

A todos los bebés cuando nacen, antes de darles el alta médica, se les hace una prueba de audición para ver que realmente oyen sin ningún problema.

¿De qué se trata?
En este examen se le coloca al bebe dentro del oído un audífono de tamaño miniatura y un micrófono, empiezan a sonar unos ruiditos y se mide la respuesta. Si el bebé escucha bien, el eco se refleja en el canal del oído y se mide por el micrófono.

Bien, cuando a Martina le hicieron esa prueba, uno de sus oídos daba error, no sabíamos si era porque el audífono miniatura que le ponían en el oído no estaba bien puesto o ¡porque realmente no oía!

La verdad es que me alarmé un poquito. Me dijeron que podía ser de cera acumulada y suciedad que tenía que ir saliendo, así que la limpiaron un poquito y de nuevo a hacer la prueba, y de nuevo error. Lo único que me aliviaba era pensar que de un oído sí oía, que en caso de tener esa hipoacusia, sólo sería en su oído derecho, ¡aún quedaba el izquierdo a salvo!

Nos dieron el alta en el hospital con un informe sobre la prueba auditiva y derivándonos al hospital público de aquí. Las primeras pruebas eran poner a Martina un montón de petachos por toda la cabeza mientras yo la tenía que agarrar desconsolada e intentando que no emitiera ningún sonido, ningún llanto, para que la prueba fuera fiable.
Fue imposible y no podía permitir que mi hija lo pasara tan mal, así que en uno de esos momentos les dije a las chicas que por favor no la hicieran más, que me quedaba el consuelo de que de un oido oía perfectamente aunque del otro no escuchara en su totalidad.

Así pasaron los meses y Martina empezó a hablar como un lorito, eso era muy buena señal. Si habla, es por que oye. Es cierto que el conducto auditivo de su oído derecho es mucho más estrecho y su orejita comparada con la otra, pero… ¡no es problema!! Seguramente más de uno oímos menos de un oído que de otro pero como en su día no nos hicieron las pruebas oportunas nos hemos quedado sin saberlo, ¡ni falta que nos hace!

También tengo que decir que en mi familia somos de orejilla del sordete, entre que oímos poco y escuchamos lo que nos interesa…

Bueno pues hace poquito la llevé al otorrino y necesitaba quitarle la cera que tenía para ver si su tímpano vibraba. La pobre lo pasó fatal, le metía un tipo de orquilla para ir limpiándola, pero llegó un punto en el que lo tenía tan pegado al conducto que era imposible seguir rascando!

Me mandó que le echara unas gotas y volviera al día siguiente. Volvimos, de nuevo limpieza, seguir con gotas, vuelve mañana… hasta que al final me dijo;
-Carmen tengo que dormirla, me da miedo arriesgarme a seguir limpiándola, que se mueva y ….
-No pasa nada, ¿Cuándo?

Y a la semana siguiente nos tocó ir al hospital, mi pobre estaba muerta de miedo.

Nos despedimos antes de que la metieran en la sala donde ya la iban a dormir, y fue despedirme y llorar de como estaba ella.

Todo fue rápido, pero yo no podía dejar de pensar en ella. Yo esperaba en la habitación y en media hora empecé a escuchar que lloraba, sólo quería que llegara a la habitación para poder abrazarla.

Llegó y lloraba desconsolada, me tumbé en su camita y se quedó dormida sobre de mi.

Pasó el doctor y me comentó que aunque su conducto auditivo era estrechito, oía perfectamente. Y que lo que teníamos que hacer eran limpiezas cada poquito tiempo para que no se acumulara suciedad.

Así que si alguna os encontráis en mi misma situación, un poquito de calma ¡que estas cositas tienen solución! ¡¡Y preocuparnos de lo que realmente es importante!!

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Anécdotas y Reflexiones

Zona catastrófica

4 marzo, 2017

Sábado. Como cada mañana, las nenas madrugan -por lo que nosotros también-, pero nos podemos hacer un poquito los remolones en la cama porque no tenemos prisa: mi marido trabaja a la tarde, así que hay tiempo.

Mientras los cinco estamos en la cama vamos pensando un plan, algo que distinga el sábado de un lunes cualquiera. Nos duchamos y acompañamos a mi marido a hacer unas cositas a su lugar de trabajo; mientras él se va con Martina yo me quedo con las mellis.

Hay un partido de futbol de edad juvenil así que me acerco a verlo para que el tiempo de espera se me haga más ameno; charlo con uno, charlo con otro y Valentina se me queda dormida. Perfecto, puedo sacar del carrito a Manuela perfectamente y solo estar pendiente de ella. Jugamos, corremos, nos hacemos alguna foto -cien o doscientas, de las que se pueden dar por buenas un par de ellas- y finaliza el partido.

Nos dirigimos a la furgoneta,a las nenas les encanta trastear por ella, subirse en los asientos, abrir y cerrar una de las guanteras o jugar a ver quién llora más fuerte -gano yo-.

Manuela empieza a hacer esfuerzos, es de las niñas que aunque salga descomida de casa siempre tiene para dar y regalar. Lo tenía claro: cantó bingo!!!
Reclino el asiento del copiloto para tumbarla y que esté lo más horizontal posible: que el cambio de pañal sea fácil para ella y para mí. Antes he sacado más de media docena, sí, más de 6 toallitas y casi siempre me quedo corta!

VIRGEN DE LA SANTA MIERDA!!! Eso no era de una niña!! Empieza a moverse después de despegarle el pañal, pero antes de que la limpie, el pañal cae, al igual que las tostadas, -Murphy nunca descansa- boca abajo en la furgoneta. Lo despego y lo tiro al suelo, boca abajo también! El culo lo pega en el asiento, tengo que limpiar culo, asiento, suelo de furgoneta y el suelo de hormigón, me niego a dejar eso pegado ahí, no es higiénico!

Limpio todo y un amigo de mi marido se acerca;
-¿Te lo tiro? Señalando al pañal
-Lo siento, no eres consciente de lo que estas diciendo; esto quita años de vida!

Busco una papelera y lo tiro -supongo que la papelera estará ya desintegrada-.
Esto tiene que dar muchos años de buena suerte!!!!

Sale mi marido y nos vamos a comer junto con mi hermano a un centro comercial cerquita de casa, un restaurante en el que se come de maravilla.

Todo va bien, viento en popa!; pido las comidas para las nenas, es la primera vez que a las mellis no les saco comida de casa, con la esperanza de que en el menú haya algo comestible para ellas.

Nos traen la comida. Mientras voy dando de comer a las mellis, a los pies de Valentina solo hay patatas fritas, trozos de hamburguesa, papeles de colorear que les han traído para que se entretengan…Valentina solo quiero jugar golpeando la mesa con un vasito de cerámica, los de las cuajadas, que usan para meter pinturas; Manuela quiere ese vaso, no hay más y llora! Valentina se solidariza y también llora… Yo lloro, mi marido llora, mi hermano llora y los camareros cruzan los dedos para que no pidamos café…, y también lloran.

Van entrenando más familias a comer, algunas con dos hijos, otras con tres, incluso algunas con cuatro!!

Las madres nos miramos con cierta complicidad, a mi me mira la que tiene dos niños en plan… que pena me das hija; a mí no me queda otra que mirar a la de cuatro!

Valentina ha tirado un plato al suelo y todo el comedor nos mira, yo no puedo evitar descojonarme de la risa, era una situación en la que prefería reír como una loca a llorar como una tarada.

Después de todo el escándalo que estamos montando me agacho para ir recogiendo pan, trocitos de hamburguesas, patatas con las que me he resbalado más de una vez, supongo que no siempre seria la misma patata! Era más fácil declararlo zona catastrófica que andar agachando el lomo!

Se acerca la camarera:
-¿queréis café?
Pero con mucha discreción, en plan… no queréis café no?
Y con la ironía que a mi hermano y a mí nos caracteriza:
-Si, nos quedaremos a merendar y ya echamos la tarde!!!

No podemos evitar reírnos ante la mirada de todos los comensales.
A mi marido y a mi se nos saltaban las lagrimas cuando Martina pregunta:
-¿Aita de que te ríes?
-hija, por no llorar.

La cuenta por favor!!!

¿Tenéis alguna anécdota para contar de estas de “tierra trágame”?

Buenas noches bonit@s!!!

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Vamos a dormir!!!

3 marzo, 2017

Durante el embarazo gemelar, una de las dudas que más rondaba por mi cabeza era cómo ponerlas para dormir, una única cuna para las dos, una en cada cuna…

Tengo que decir que soy una persona organizada, y necesito tener cada una de las situaciones controladas, si las cosas las puedo hacer para ayer, mejor que para mañana. En cambio mi marido es todo lo contrario, el no tiene prisas y siempre hay tiempo para hacerlo todo, luego nos pasa lo que a muchos, andamos a todo correr a última hora aunque al final lleguemos a todo.

Yo conservaba la minicuna de Martina, un moisés la verdad que bastante kuki, así que me acerqué a la tienda donde compraba todas las cositas de las niñas y pedí una igual. Mientras tanto seguía meditando cómo organizarlas.

Solía preguntar a amigas, pediatra etc si estuvieran en mi situación cómo las pondrían a dormir, mi intención era clara pero quería saber diferentes opiniones, las cuales no cuadraban con mi decisión. Es decir, escuchar su opinión y luego llevarlas la contraria.

Nacieron las mellis y las puse a dormir juntas, viendo que a Valentina ese contacto con su hermana en el parto le había venido muy bien, me negué a separarlas.
No quería separar ese vínculo que habían creado durante tantos meses. Ese vínculo que yo no había visto pero sí había sido capaz de sentir. Ellas no conocían el mundo de otra forma que no fuera estando juntas.

Hay hospitales que cuando nacen mellizos, gemelos, etc optan por ponerlos juntos siempre y cuando el estado de salud de ambos lo permita, por supuesto habrá otros tantos que estén en contra.

Creo que el tenerlas juntas compartiendo sueños fue una de las mejores elecciones que tomé. Las niñas solo me necesitaban cuando querían comer, era algo increíble, teniéndose la una a la otra no necesitaban más. A veces incluso echaba de menos que me necesitaran, dormían a la vez, se despertaban a la vez y no necesitaban más que tenerse la una a la otra!

Había gente que me preguntaba cómo era posible que cuando una lloraba no despertara a la otra, o cuando una tocara a la otra no la despertase… y la respuesta era bien sencilla; están acostumbradas a esos llantos y a ese contacto. Por poner un ejemplo, la mujer que duerme mientras su marido ronca, también puede ser al revés, por supuesto, esa mujer al principio la costaría dormirse, ahora seguramente duerma plácidamente sin saber si quiera si su marido ha roncado!

La noches con Martina fueron realmente horrorosas, había noches en las que paseaba por la urbanización a las 3 de la mañana hasta las 5 y me negaba a que eso nos volviera a pasar.
Aquí es cuando vino nuestro ángel, esa mujer que nos ayudó durante los 6 primeros meses de vida de las mellis, exceptuando los fines de semana. Cada vez que llegaba el fin de semana me temblaban las canillas. Ella era la que se encargaría durante las noches de las mellis y yo me hacía cargo de Martina que aun se despertaba. Y se despierta.

Ella era una mujer tranquila, de esas personas que lo único que te transmiten es paz, y por lo tanto se lo transmitía a las nenas. La verdad que no podía haber encontrado a una mejor persona para el cuidado nocturno de las niñas. Ella era la que nos haría la vida muchísimo más fácil, la que les enseñaría un hábito de sueño y no es que no hubiera preocupación por las mellis durante esas noches, pero si que podía delegar un poquito en ella y yo hacerme más cargo de Martina. Martina al ser más mayor era más consciente de todo lo que pasaba y cuanto menos traumático fuera para ella la llegada de sus hermanas mejor.

Algunos fines de semana en los que nuestro ángel no estaba y mi marido estaba trabajando, se despertaban las 3 a la vez, era un auténtico caos, iba rotando de cama en cama.
-Martina cariño ahora vengo que una de las nenas llora ( todavía no diferenciaba de quien era el llanto)
-Amatxu pero vienes ahora.
-si mi amor!!

Y cuando tardaba un poquito por que estaba con las mellis Martina ya me estaba llamando.

La habitación de las mellis ya la tenía organizada y nuestro ángel se merecía una cama en la que descansar, muchas de estas mujeres se suelen pasar las noches en vela pendientes de los bebes, en nuestro caso no era necesario, las niñas se despertaban una sola vez a las 3 de la madrugada.

A las 3 de la madrugada se despertaban las 2 a la vez, Valentina era más paciente, por lo que podía esperar a que su hermana hiciera la toma primero. Yo las oía y sentía la necesidad de levantarme para controlar un poco la situación aunque sabía que con ella todo estaba controlado.
Llamaba a la puerta, entraba y ella allí estaba dando el biberón a Manuela, yo cogía a Valentina y entre las dos acabábamos más rápido. Otras veces ella sola era la que se encargaba.

Cuando las nenas cumplieron 3 meses ya dormían del tirón, era algo maravilloso.
Nuestro ángel que vivía sola en su casa nos decía que dormía mucho mejor en nuestra casa que en las suya y es que yo la entendía perfectamente. Somos personas a las que nos da miedo dormir solas.

A los 6 meses se fue, y a los 10 con el comienzo de la ikastola se empezaron a despertar entre 2 y 10 veces, dependiendo de las noches, hasta hoy!

Durante todo este tiempo pasaron de moisés a una cuna que compré en Zara, primero dormían una al lado de la otra y después las puse a cada una hacia un lado. Finalmente las pasé a su cama, una cama con sábana fantasma y barreras. Cada una en su cama.

La sabana fantasma es un tipo de sabana bajera que le sobresale como un chaleco y no hay peligro de que caigan.

Las camas de su habitación las puse de tal manera que estuvieran cabeza con cabeza por si el día de mañana las apetecía tener largas conversaciones. Es algo que siempre he imaginado, contando las 3 sus cositas.


Las que sois mamas, ¿qué trucos habéis utilizado para dormir a vuestros niños? y ¿les habéis puesto a dormir juntos?

Que tengáis dulces sueño!!!!

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