Anécdotas y Reflexiones | Cosas de princesas | Destinos

Mini vacaciones en Las Landas

3 septiembre, 2017

Llevo un tiempo bastante ajetreada y aprovecho ahora , durante las 5-6 horas de vuelta de nuestras mini vacaciones, para contaros dónde hemos estado.
Mi marido trabajaba el viernes a la mañana y después tenía libre sábado y domingo, así que decidimos quedar con unos amigos en un lugar intermedio, bueno, de intermedio nada, pero sarna con gusto…
El viernes tras salir Gorka de trabajar, preparar todas las maletas, como si nos fuéramos durante meses, emprendimos la marcha sobre las 16:30,creo que fueron las cinco horas y media más largas de mi vida.Ya nada más salir del garaje, Martina me preguntó: “falta mucho?”


Las niñas no paraban de quejarse y cuando no lo hacían a la vez, se relevaban, pasándose el testigo. Estoy por llevarlas a un centro de canto para que les eduquen la voz.
Los anteriores viajes se entretenían bastante hasta que me robaron los IPad de la furgoneta y nos quedamos sin entretenimiento para las niñas. Opté por comprarles una baraja pero se pegaban. Se hacían trampas. Esto ya os lo contaré en otro POST.
Llegamos casi a las 22:00h. Yo a Martina no la quise decir en ningún momento ni el lugar ni la compañía. Asi que llegamos a las Landas, al suroeste de Francia, a un camping llamado Sylvamar. Siempre he comentado lo que me gustan los campings, más bien la vida que pueden hacer los niños y la libertad que tienen para experimentar.

Y no solo es instructivo para los peques por aquello de la convivencia con otros niños, sino también para los adultos. Mi padre aprendió idiomas gracias a mí. Os cuento: cada vez que llegábamos a un camping mi padre me ponía en la ropita con un imperdible el número de parcela y al de un rato volvía de la mano de un francés, un inglés, un alemán etc. Mi padre le agradecía su amabilidad al tiempo que se disculpaba por los “relojes” que por aquella época dejaba marcados en los brazos de los otros nenes.
Nosotros cogimos dos bungaló de 6 y 4 personas, maravilloso! Es el lugar perfecto para ir con niños, hay piscinas descubiertas con flotadores para ir por “Los rápidos”, toboganes para que los niños echen carreras y unas piscinas cubiertas en las que “las mellis” disfrutaron muchísimo. En esta última cubría muy poquito y tenía diferentes toboganes pequeños, chorros, cubos…


Ahhh!!! los toboganes qué recuerdos me traen. Mi padre era un especialista. Le gustaba hacer alardes en los aquaparks y se subía al más alto. Con qué gallardía iniciaba el primer tramo del descenso! Luego la cosa, o sea mi padre, se iba torciendo, haciendo una muy poco digna entrada en el agua de cabeza y con el bañador en los tobillos.
Era muy poquito lo que íbamos a estar así que nuestra intención era exprimir estos dos días al máximo y así ha sido.El sábado pasamos toda la mañana en las piscinas y a la hora de comer decidimos ir a la playa de Labenne a 1 minuto en coche del camping. Había 2 chiringuitos, comimos algo rápido en uno de ellos y nos bajamos a la playa, unos bañitos y al centro comercial a hacer compra para una barbacoa, eran la 20:00h y todas las tiendas estaban cerradas excepto el Carrefour de éste. Hacer la compra y al camping de nuevo.


Nuestros amigos tienen dos niñas. La verdad es que casi todos nuestros amigos tienen niñas. Supongo que los niños los harán otros, si no… mal vamos. Mientras nosotros hacíamos la barbacoa las niñas no paraban de jugar. Se van a echar tanto de menos….! Bueno, no es hora de ponerme nostálgica!Cenamos, charlamos, reímos y cada mochuelo a su olivo. Esa noche tuvimos un grillo como compañero de albergue. No cantaba bien, pero era muy insistente. Una vez que di con él y dado que no soy egoísta y me gusta compartir las cosas, se lo pasé al vecino por una rendijita que había en el suelo. A la mañana siguiente le encontré como malhumorado y con más ojeras que un mapache. Yo creo que es gente que no sabe apreciar lo que la naturaleza nos regala en el día a día. Nosotros nos levantamos pronto, frescos como lechugas. El camping teníamos que dejarlo a las 10:00h y lo hemos dejado a las 11:15h. Como comprenderéis, muchas veces intentar ser puntual con 3 princesas guerreras es imposible. Duchas, maletas, vestirlas, desayunos…. Y una vez listos nos hemos ido a Bayona a pasar el día, paseito, comer, parque (por supuesto, hay que encontrar un parque donde las niñas  suelten todo lo que llevan dentro) -me refiero a energía y esas cosas, lo otro va al pañal- merendar y otra vez al coche para volver a nuestro nuevo hogar. Y aquí vamos, nenas dormidas y conductor y copi, que soy yo, despiertos aunque tengo que decir que me empiezan a picar un poquito los ojos, en un rato me pongo las gafas, me pongo tiesa y a dormir disimuladamente! Ya os contare en el momento que despierten, cuántas veces he intentando tirarme por la ventanilla!
Besitos a tod@s!

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Destinos

De novios, primera parada: Maldivas.

12 julio, 2017

Después de 5 años sin irnos de vacaciones solos —solos quiero decir mi marido y yo, no me refiero a vacaciones con amigas o excursiones para encontrar el Santo Grial en una verbena de pueblo y volver con la copa de la Santa Borrachera—, decidimos darnos ese capricho, porque creo que no es que sea únicamente necesario tener ese tiempo con tu pareja… es algo obligatorio; cambiar de temas de conversación que no estén relacionados con cacas y biberones para dejarnos llevar a un apartado más romántico que, sin querer, todas las parejas que formamos una familia relegamos con el tiempo sin darnos cuenta.
Teníamos muchas dudas de hacia dónde tirar, lo único que veíamos claro es que necesitábamos relax, ratos para aburrirnos de mirar al horizonte y no pensar en nada; disfrutar de los ruidos del silencio.
Después de mucho meditarlo elegimos hacer las Maldivas-Dubai —que en fotos tenía una pinta estupenda…, pero que en el mapa te encuentro más fácilmente a Wally en San Mamés en un partido contra el Atlético de Madrid—; 7 noches en el primero y 2 noches en el segundo.
Lo primero antes de marchar de vacaciones era la repartición de la carne, es decir, cómo dejamos a las tres alegrías de la casa —no son una, ni dos, pero son menos de cuatro (el acertijo os lo pongo barato)—. Antes de decidirnos los hablamos con nuestros padres; Martina quería irse a Pamplona con mis suegros para poder jugar con su prima Enara, y mi madre, que también se quedaba al cuidado de mi tropa canina y de los residentes de la pecera, se quedaba encantada con las mellis. ¡Ya estaba!: dos para ti y una para ti.
Primer destino, Maldivas con escala en Estambul y montones de hoteles para elegir, a cada cual más bonito. Como en los post me gusta poner algún dato curioso para haceros más entretenida la lectura, os diré que Estambul era conocida como Bizancio y después de ser refundada por Constantino el Grande, como Constantinopla. Ya veis qué chapa os he soltado de un lugar en el que solamente paramos un ratillo. Ya en Maldivas, dependiendo de a cuál de los hoteles vayas, el desplazamiento que haces una vez llegas al aeropuerto de Male es o en una lancha rápida, o en barca normal o en un hidroavión. El hidroavión es como un submarino que no se hunde. Y que vuela. Y que hace mucho ruido. A nosotros nos tocó este último y en el momento en que me tocó subir juro que por unos instantes que preferí ir a nado. Nada más embarcar te dan unos tapones para los oídos para poder soportar el ruido —sí, allí también ponen “Despacito” en todas las emisoras—.

El hotel por el que nos decantamos fue el Niyama Aquum. Dentro de estos hoteles tienes diferentes habitaciones, desde las que están situadas enfrente de la playa hasta las que se edifican sobre el mar —en ambas posibilidades podías elegir con o sin piscina—. Nosotros elegimos las de encima del mar con piscina. Casi todos los hoteles tienen esta opción, pero depende de la cantidad de coral que tengas debajo de tu habitación hará que disfrutes más o menos de ese mar a los pies de tu piscina.

Mis días transcurrieron básicamente en la tumbona, haciendo aquagym, baño en piscina y playa, andar en bici y leer. No hay nada más para hacer… Ah, bueno, y observar; hay algo que realmente me llamaba la atención y era cómo la gran mayoría de los japoneses se bañaban con chaleco salvavidas o bien por qué no sabían nadar o por qué son muy “segurolas”. Os preguntaréis cómo sé que eran japoneses y no puertorriqueños o lámparas Maskrós de Ikea; pues porque soy muy intuitiva.


Cuando llegamos a la habitación teníamos dos bicicletas en la puerta y eran con las que nos desplazábamos a todos los sitios. Al principio me costó pillarle el truco al freno en los pedales: me comí unas cuantas ramas y también un bugui (los coches que utilizan los trabajadores del ressort), ¡pero llegaba entera a los sitios! Los trabajadores de ahí son realmente atentos, amables, siempre dispuestos a ayudarte en todo. Importante decir que todo el hotel disponía de wifi, daba igual en qué parte del hotel estuviera que Don wifi estaba presente, gracias a Dios.
Todas las comidas se hacían en el propio ressort; y también tenías la oportunidad de hacer una de las comidas en un restaurante en medio del mar, el cual alojaba una zona para poder comer, tomar algo, etc…, debajo del mar, mientras observabas los pececillos.
Tengo que decir que Maldivas es para estar como mucho una semana; yo hablaba ya hasta con los cuervos, y si seguía allí mi próximo paso sería hablar con los cocos.
La vuelta fue de nuevo en hidroavión, la parada de éste se hizo en el mismo hotel, pero debido a la marea baja nos tocó ir a nado hasta una plataforma de madera. No, nos recogieron en una lancha rápida —que al parecer es lo que mejor va cuando apenas hay agua, llegar a la plataforma y montarnos en el hidroavión dirección Male, capital de Maldivas… ¡y a Dubai! ¡El siguiente POST os contaré muchas cositas sobre Dubai!

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Cosas de princesas | Moda y Belleza

Dulces sueños

9 mayo, 2017

Siento haber tardado tanto en publicar el post, pero llevamos unas semanas un poquito ajetreadas.

Hoy me apetecía escribiros sobre los pijamitas de las nenas. Sois muchas las que me preguntáis dónde compro esos pijamas –y no es para menos–.
¿Qué tienen de especial? Algo tan sencillo como una cremallera.

Cansada de atar los corchetes de los pijamas de las nenas mientras no paraban de moverse, un día me dije: “voy a investigar y a buscar pijamas que tengan una cremallera –tiene que haberlos–”; y los encontré. Cotilleé en la pagina de Zalando, en la que tienes de todo, y casi antes de hacer el pedido ya tienes al chico con cuatro cajas timbrando en la puerta de casa.

Di con diferentes marcas que tienen pijamas de cremalleras: Gelati kidwear es una marca que suele vender en packs de dos y el precio ronda los 35€, que dividido entre las mellis está bastante bien. Otra de las marcas es Carter’s –el pijama ronda los 15€–, sus diseños son preciosos y en la planta del pie traen antideslizante, un punto muy a favor –también los hay sin pie–; y otra de las marcas que suelo comprar es Gap, son un poquito más caros, pero aun así están genial.

Tengo que decir que soy una enferma de los pijamas, y al cabo del día como no paran quietas, se arrastran, se tiran, se manchan… las cambio como mínimo dos veces.

En alguna de estas marcas, como Carter’s, tenéis la opción de tallas más grandes; a Martina le he cogido más de uno, y creo que es de las mejores compras. Martina es una niña que en la cama se mueve mucho, no le gusta taparse, ¡¡y para evitar que duerma con su tripita al aire estos pijamas están súper bien!!

A Gorka le suelo comprar pijamas de dos piezas con los motivos de Disney que estén de moda en ese momento. ¡Es broma!

Que tengais dulces sueños.

 

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Anécdotas y Reflexiones

Watsu

25 abril, 2017

Escribo ahora mientras espero a que mi marido acabe su sesión de Watsu, porque no quiero que se me olviden ninguno de los detalles ni sensaciones que he sentido en esta nueva experiencia para mí.

Watsu es una disciplina de trabajo corporal acuática. Es una técnica muy potente, no solo a nivel físico, sino también para aliviar el estrés mental.

Hemos ido a casa de María, —así se llama la fisioterapeuta y especialista en hidroterapia—; esta técnica la realiza en la piscina de su casa, sin cloro, a una temperatura del agua de entre 34 y 36 grados.

Me he plantado el bañador y ya meter los pies en el agua es una auténtica maravilla. Le he preguntado si me recogía el pelo, ella me ha dicho que como me sintiera más a gusto, así que… melena al viento —o al agua—, me he quitado el reloj y gomas de las muñecas y ella ha empezado a darme unas indicaciones.

Primero me ha puesto en cada pierna un flotador para proteger la zona lumbar; me dice que en el momento en que le dé una señal, apretando sus manos, comenzará la experiencia. Me recomienda que mantenga los ojos cerrados para facilitar la relajación.

Comienza a moverme por la piscina mientras me va tocando diferentes partes del cuerpo, al mantener los oídos dentro del agua solo escucho mi respiración y el movimiento del agua.

Ella guía mi cuerpo en movimientos amplios y fluidos, el agua interviene en este movimiento y facilitando estiramientos más o menos profundos, mi cuerpo se deja llevar relajado. Hay momentos en los que la sensación que tengo es como si me encontrara de nuevo en el vientre materno, en silencio y escuchando solamente mi respiración en el líquido amniótico que rodea mi cuerpo.

Cada movimiento que ella hace con mi cuerpo es sutil, suave, delicado… como cuando alguien coge algo con cuidado para que no se rompa. Me siento bien.

María domina la técnica hasta el punto que puede masajear mi cuello con las dos manos sin dejar de dar sostén al resto de mi cuerpo.
La sesión dura alrededor de 45-60 minutos.

Hay momentos en los que vuelvo a la realidad y solo soy capaz de pensar: “que esto no este llegando a su fin, por favor”. Pero todo lo que tiene un principio tiene un final.

Llega el momento de ir terminando mi sesión, ella me va acercando a uno de los bordes de la piscina, me quita los flotadores de las piernas y noto cómo se van sumergiendo levemente, como las hojas que en otoño se van precipitando de los árboles. Intenta que mis plantas de los pies estén bien apoyadas en el suelo y mi cuerpo esté como sentado. Ella toca mi cuello, mi cabeza.

En el momento en el que apriete mis manos de nuevo se habrá acabado la sesión. Llegó el momento, me toca las manos y se va alejando, dejándome espacio para que una vez que yo abra los ojos tenga la libertad de sumergirme, nadar o simplemente mantenerme en esa posición. Me sumerjo y cuando saco la cabeza del agua solo tengo palabras para decir: ¡ha sido increíble!

Si queréis más información, podéis seguir a WatsuBilbao en Instagram o en Facebook.

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Anécdotas y Reflexiones | Cosas de princesas

De nombres va la cosa

18 abril, 2017

Como podéis observar muchas de las que me seguís, los nombres de mis hijas no es que sean los más vascos, y no por que no me gusten, sino porque hay nombres castellanos que me encantan.

Cuando era pequeña y la profesora pasaba lista en clase, mis compañeros levantaban la mano al oír un “Idoia”, un “Olaia”, o un “Ioritz”, entre otros muchos nombres euskaldunes, pero la aquí presente la levantaba cuando le tocaba el turno a Carmen Esperanza Milagros: “sí, presente, pero por favor, para la siguiente vez con que digas solo un nombre es suficiente, gracias”. Si había profesores que pudieran pensar que “recitaban” nombre con sus dos apellidos, mucha casualidad hubiera sido tenerlos tan “elevados”.

A medida que me iba haciendo más mayor, mi nombre iba variando; había amigos que me llamaban Espe, otros Milatxu… dependiendo en que edad me encontrara (supongo que para cuando cumpla alrededor de los 80 pediré que me llamen Milagros).

Estos nombres tienen su explicación: Carmen viene por la madre de mi padre; Esperanza, por la mujer que cuidaba de mi padre cuando era un crío y con quien íbamos a pasar todos los domingos. Espe nos trataba como si fuéramos sus nietos y a mi padre como si fuera su hijo, por supuesto. Era la mujer del guarda forestal de Arcentales y vivía en una casa en el monte —imaginaos abrir la puerta de casa y tener una vaca monchina guiñándote el ojo—. La verdad que era maravilloso poder disfrutar de la naturaleza de esa manera. Esto también tenía sus cosas negativas, como ser minuciosamente revisados por mi madre —mi hermano y yo— para ver si nos habíamos traído a nuestra casa alguna que otra garrapata.

Milagros es el tercero de mis nombres y me lo pusieron por mi abuela por parte de mi madre, una gran mujer que se dedicaba a la enseñanza y fue —y es— muy querida por todos aquellos que tuvieron la oportunidad de ser sus alumnos. Recuerdo cuando yo subía al camarote a coger fichas de cuando ella ejercía, como las de “mi mama me mima mucho”, y jugaba a que yo también era maestra; o cuando iba a comer a su casa y nos podíamos pasar horas y horas sentadas en la mesa de la cocina hablando y haciéndonos una gran compañía. ¡Cuanto te echo de menos!

Yo siempre tuve claro que los nombres de mis hijas serían castellanos, me parecen más atractivos, aunque ya sé que es cuestión de gustos. También es cierto que hay nombres en euskera que a mi marido le encantan: Erlantz, Eneritz, Ustaritz, Olatz —sí, principalmente los acabados en “tz”—. Si mi abuela levantará la cabeza no hubiera sabido pronunciarlos ni en dos vidas.

Luego también están los nombres de gente con la que no has hecho muy buenas migas; hace un tiempo leí una frase: “no eres consciente de cuanta gente te cae mal hasta que tienes que escoger el nombre de tus hijos”, y es totalmente cierto, siempre hay nombres que te recuerdan a alguien tanto para positivo como para negativo.

Martina nos encantaba a los dos, a mi marido y a mí, y no me daba la sensación de que estuviera tan oído; eso sí,fue nacer Martina y parecía que no había más nombres que ese. No relacionábamos el nombre con nadie y nos encantaba.

Llegó el turno de las mellis y yo le comentaba a mi marido que los nombres tenían que ser castellanos para que fueran en sintonía con Martina. Teníamos claro que una de las mellis se llamaría Manuela porque tenemos una amiga encantadora de Suiza y su nombre siempre nos gustó.

Valentina es un nombre que siempre me llamó la atención, pero a mi marido no parecía seducirle mucho, y en una vuelta de unas vacaciones lo convencí.
No sé si os pasará a vosotras, pero una vez puesto el nombre a mis garbancitos, el embarazo lo vivo de otra manera, como más ilusionada.

Embarazada de las mellis, los amigos me preguntaban a quién pondría cada nombre. Estaba claro que en mi caso no podía esperar a verlas la cara para ver a quién le pegaba qué nombre, así que… “la que nazca primero será Manuela y la segunda Valentina”.

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Anécdotas y Reflexiones

El aceite de palma

6 abril, 2017

Llevo alrededor de dos semanas dándole vueltas al mismo asunto: ¿qué es lo que comemos? ¿Qué tipo de alimentos y de qué ingredientes están compuestos?; y si os soy sincera, es algo que me preocupa mucho.

No sé si yo no era consciente y siempre ha sido así, pero me da la sensación de que cada vez enfermamos con más frecuencia. Siempre hay gente a tu alrededor con problemas de salud y creo que, en gran medida, nuestra forma de alimentarnos es la gran responsable.

Esta claro que no podemos garantizar la calidad y seguridad de los alimentos que ingerimos: son las grandes industrias, gobierno…, los que se tienen que hacer cargo de ello, y esta claro que la industria no esta mirando por nuestra salud como debiera. Muchos son los supermercados que han hablado con sus distribuidoras para que eliminen de sus productos el famoso aceite de palma; sí, ese aceite que utilizan porque es mucho más barato que el aceite de girasol y con el que consiguen incrementar sus ganancias; pero ¿a costa de qué? Sí, de nuestra salud.

¿Qué ocurre con este aceite?
Se ha convertido en la materia prima de elaboración de una amplia gama de productos con fines tanto alimenticios como cosméticos. Alta proporción de grasas saturadas, por supuesto, dañinas para la salud. Por no hablar de que el cultivo de este aceite ha provocado grandes deforestaciones de bosques tropicales con el consecuente daño a las especies que los habitan, lo que conlleva al peligro de extinción de esas especies como el orangután y el tigre de Sumatra.

Pues bien, nada positivo puedo decir de este aceite; eso sí, las grandes industrias se limitan a decir que hay productos en los que el aceite de palma no es sustituible porque el producto no sería tan crujiente, ya que aporta consistencia, alarga la vida útil del producto y evita que se deteriore visualmente. ¿Perdona?

No me quedo más tranquila cuando leo que su uso está permitido internacionalmente, aunque la OMS aconseja limitar su consumo. Ahora bien, yo voy a Eroski cada día y me da la sensación que en vez de ir a un supermercado voy a una biblioteca: ¿qué puedo consumir que no tenga aceite de palma? Si vas a la zona de galletas, bollería…, y coges 4 productos al azar, siendo muy positiva, 3 de ellos contienen aceite de palma. Y en realidad es muy triste que alimentarte de algo para poder vivir te vaya colapsando las arterias con colesterol malo; así que creo que mi carro de la compra se va a ver muy limitado en pos de curarme en salud. Así que si las empresas que producen sus alimentos, lo hacen con aceite de de palma, que no cuenten conmigo que yo me bajo de este barco.

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Moda y Belleza

Mima tus pestañas

3 abril, 2017

Siento haberos tenido tan abandonadas, pero mi semana anterior ha sido un poquito caótica y no encontraba ese ratito necesario para empezar con el post.

Siempre recibo mucho mensajes preguntándome por los productos que uso para conseguir esas pestañas, tengo que decir que mis pestañas son largas, pero que usando una mascara adecuada podemos conseguir efectos sorprendentes.

Gracias a la mascara de pestañas, podemos hacer que los ojos parezcan más grandes, que tengan más expresividad y por supuesto una mirada más bonita.

Para las pestañas es muy importante los productos que utilizas de maquillaje, así como los productos que utilizas para desmaquillar y cómo los usas.

Siempre he sido de las que ha ido probando miles de mascaras ya que no encontraba la adecuada: no me gusta que deje grumos, me gusta que también rice…

Después de muchas pruebas y dejar abandonadas muchas mascaras con tan solo 2 usos, encontré la perfecta, “They’re real”, de Benefit. Esta mascara la podéis encontrar en cualquier tienda de Sephora.

Yo siempre cojo el color negro, la verdad es que nunca he cogido para echar en mis pestañas un tono que no fuera este.

Al de poco de utilizar esta mascara, una amiga me recomendó un bálsamo prebase de la casa de Lancôme, se llama cils booster XL. Este se echa en las pestañas, y yo acto seguido, sin dejar secarlas me echo la mascara.

Las pestañas quedan más largas, más densas… Una autentica maravilla!!!

Ahora llega el momento de desmaquillar, una parte muy importante para el cuidado de las pestañas.

Alguien me dijo una vez que para desmaquillarnos tenemos que ir en la misma dirección que van nuestras pestañas, haciendo la curva, es decir, nada de hacerlo de forma horizontal sino vertical.

El desmaquillante que yo utilizo también es de la marca de Lancôme (Bi-fácil) se trata de un bifásico, agitamos, empapamos el algodón, lo ponemos encima del ojito y una vez empapadas las pestañas retiramos la mascara en dirección vertical.

¿Hay alguna mascara o algún truquito que utilicéis para vuestras pestañas?

Muchísimos besos!!!

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Anécdotas y Reflexiones | Cosas de princesas

Pon un animal en tu vida

20 marzo, 2017

Los nombres de las mascotas de los americanos son siempre espectaculares: Silver, Blondie, Rex.
En mi familia la imaginación no la utilizábamos para poner los nombres de nuestras mascotas; si bien hemos llegado a tener casi tanta variedad animal como Noe en su arca, los nombres de los pequeños inquilinos no variaban mucho: una tortuga llamada Tecla; un loro llamado Lucas; un pollito de colores llamado “Qué poco nos ha durado”, y ahí se agotó nuestra imaginación, TODOS LOS ANIMALES QUE HABITABAN EN NUESTRA CASA, dando igual si eran hembra o macho, se llamaba KUKI. Sí, algo así como los “Bola de Nieve” de Lisa Simpson pero con defunciones menos agresivas. Kuki, la cotorra; Kuki, el gato persa; Kuki, el gato siamés… Con el cambio de vivienda y mi consiguiente independencia, la adquisición de nuevos compañeros de vida ha llevado acarreada cambios también en la elección de los nombres. Tengo que decir que cuando conocí a mi marido tuve que traerme a mi nuevo hogar a kuki, un bulldog francés que con el cambio de aires pasó a llamarse Burton –es broma, Burton siempre fue Burton; un animal pequeño y compacto pero con una capacidad para soltar cuescos muy por encima de nuestro aguante para permanecer en apnea–.

Taylor —un bulldog Frances– y Kenya —un Terranova—, además de Luis Angel –un adulto con complejo de Peter pan— son los otros animales que pululan por estos rincones. Solo tenemos tres perros, pero soy de las que ven un perro o un gato en la calle y se lo quieren llevar para su casa. Ah, y Copo II, Nieve y Chupón, tres pececillos que la verdad es que no salen mucho de su pecera.

Dice mi marido que uno de los contras de tener tantos animales en casa, es que se pasa el día recogiendo trufas del jardín (sobre todo antes de que vengan invitados o la jardinera, que es que mezclar trufas y desbrozadora como comprenderéis no es plan (ya sabéis: si visitáis, avisad con antelación —4 o 5 horas— ; por cierto, vendemos trufas al por mayor.

A ver, “Kukis”, de lo que yo os quería hablar es de la relación entre mis niñas y mis mascotas, partiendo de las maravillosas experiencias con animalitos que tuve desde niña. No todas fueron para echar cohetes y muchas de ellas fueron más que lamentables, porque como os imaginareis, en casa de mis padres no habita la cantidad de animales que os he mencionado antes; aunque seguro que ya sospechabais algo acerca de “Qué poco nos ha durado”. Siendo la curiosidad de nuestros hijos ilimitada, tarde o temprano acaban preguntando acerca de un tema tabú como es la muerte, y, tristemente, tanto como cierto, nuestras mascotas son los primeros amigos que tienen, y los primeros en perder; con lo que la perdida de un animal querido puede servirnos como herramienta para explicar a nuestros hijos algo tan delicado.

La bolsa de la basura, ahí es donde me encontré a Kuki, nuestra cotorra. Mi madre me había explicado que la pobre había ido al cielo; yo la verdad es que me imaginaba un cielo con menos plásticos y peladuras de fruta.

Hay despedidas que son para siempre. Mamá gustaba de salir al balcón con el loro en el hombro; sí, como si fuera un pirata, solo que en las películas, el loro está en un barco rodeado de agua, y no tiene muchos sitios a los que ir, y en un balcón… Hasta luego, Lucas.

En mi casa, la única baja que hemos sufrido ha sido la de Copo I, y al ser la primera en sufrir en familia, le dimos una noble despedida: lo tiramos al retrete y disparamos tres salvas de cisterna en su honor –como si volviese al mar–.

Las mellis aún son muy pequeñas, pero Martina tiene una edad en la que queremos inculcarle la responsabilidad que conlleva tener una mascota. Ella se encarga de dar de comer a los peces, y muchas veces a los perros –aunque estos últimos con las galletas que roban a las mellis se pueden dar por alimentados (claro, porque si son los peces los que roban las galletas a las niñas, aquí hay alguien que no está en su medio natural)–.

Conocen, nuestras peques, el amor incondicional y la necesaria compañia –los peces menos, pero también. Les tengo mucho cariño– de los primeros amigos. Burton, Taylor, Kenya siempre están dispuestos a dar mimos a las peques, aunque a veces alguna de la mellis,en un imprevisto, caigan al suelo.
En esta casa los besos se dan en cantidades industriales.

Durante una temporada Martina, insistía en que quería un caballo –aunque también nos ha pedido dos hermanitos y nanai (para quien me lea de fuera del Pais Vasco, “nanai” no es un nombre vasco)–, pero bastante tiene mi marido con el tamaño de las trufas de un Terranova, como para que encima la jardinera nos coja la baja.

Creo que el poder permitirnos criar a nuestros hijos rodeados de “pequeños amigos” es una de las mejores decisiones que hemos podido tomar, esa y aquel octubre que fuimos veganos –por temas de alimentación y de desgaste físico, y también de hambre y sobre todo de una fuerza de voluntad bastante distraída tuvimos que volver a la dieta de antes–.

Buenos dias!!!

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Moda y Belleza

Tratamientos para mi cabello

13 marzo, 2017

Hace muchísimo tiempo que os quería hablar sobre los tratamientos y productos que utilizo para el cuidado de mi cabello. Sois muchas las que me preguntáis cada día qué es lo que hago para tenerlo así. ¡Pues aquí va!

Hace muchos años que me teñía, creo que empecé bastante joven, tendría unos 16 años, empecé dándome unos brillos, mechas…con la intención de ir aclarándolo, hasta que al final ya era rubia. Mi color de pelo es un castaño claro…rubio oscuro… bueno, pues… ¿qué pasa una vez de que te tiñes tu pelo desde la raíz? ¡Que casi obligatoriamente cada mes tienes que ir a la peluquería para teñirte la dichosa raíz!

Hará casi 3 años, hablando con una amiga que noté un cambio en su pelo ,increíble. Ella tenía el pelo teñido de rubio como yo y era de las que lo tenía bastante estropeado debido a todos los tintes, champú, etc, pero esta vez no, lo tenia increíble, super sano, hidratado y larguísimo.

La pregunté que es lo que había hecho y me recomendó los productos de I.C.O.N. Os cuento un poquito.

Son productos veganos ya que no utilizan materias primas de origen animal, ni hacen sus pruebas con animales.

No contienen sulfatos, parabenes y tienen ingredientes antienvejecimiento, vitaminas antioxidantes A. C. E. y no cambian el color del cabello.

Hay una gran variedad de estos productos y dependiendo de tu tipo de cabello puedes utilizar unos u otros y además, puedes mezclarlos.

Yo empecé utilizando los productos de la gama India, la verdad que el olor de estos productos te teletransporta a un spa, es increíble, tienes desde champú, acondicionador … y un aceite que aún lo utilizo para echármelo en medios y puntas tanto antes de secármelo como después del peinado.

Ahora mismo los champús que estoy utilizando son dos, como ya os he dicho antes, lo bueno de estos productos es que los puedes mezclar. Para la primera lavada utilizo el Energy champú detox, estimula y purifica el cuero cabelludo, lo refresca, promueve el riego sanguíneo…a mi me da la sensación que es el que me hace una lavada a fondo. Todos los champús, acondicionadores los puedes encontrar en tamaño de 250ml o de 1 litro.

Para una segunda lavada utilizo el Cure, favorece el crecimiento del cabello sano, reduce las roturas, hidrata y suaviza… y huele genial.

Por último no soy mucho de acondicionadores, y suelo pasar directamente a la mascarilla. La que uso es la Transformational Infusión. Enriquece mi cabello desde el interior, hidrata, da más cuerpo a mi pelo, aporta brillo. Y se puede utilizar todos los días.
Con respecto a las mascarillas os quería comentar, aunque supongo que la mayoría lo sabréis, yo me enteré hace relativamente poco, ¡qué desastre! Las mascarillas hay que aplicarlas de medios a puntas, nunca desde la raíz ya que tu pelo se engrasará mucho más rápido.


Todos estos productos de lavado necesitan abundante agua.

En I.C.O.N tenéis productos tanto de lavado, como para el peinado, desenredantes, fijadores,etc.

Yo no dudé en volverme loca para encontrar los productos, fue empezar a usarlos y me encantaron. Secarme el pelo con el secador era suficiente para tenerlo bien, no necesitaba planchas. Así que al usar productos que no tenia sulfatos, parabenes…mi pelo lo ha ido notando tanto que me ha ido creciendo mucho más rápido, es más, nunca he tenido el pelo tan largo como ahora. Finalmente decidí dejármelo de teñir. Mi amiga y peluquera, que es una auténtica experta me fue degradando el color para que no se notara tanto el cambio de la raíz no teñida a lo teñido. Y si a esto le añades un poquito de ayuda como el Botox capilar, ¡ya es la bomba!

El tratamiento botox que utiliza mi peluquera es el de Laboratorios Valquer. El botox está indicado para pelos dañados, castigados y/o secos. Lo ideal sería hacérselo todos los meses, que es cuando realmente ves una autentica mejoría en tu pelo.

Este tratamiento no consiste en inyectar nada en el cuero cabelludo, quizás haya gente que lo piense, ¡pero no! Es la mezcla de unos productos que se aplica en el cabello directamente a través de masajes y calor. El tratamiento lo que hace es restaurar el pelo de adentro hacia fuera aumentado su densidad. Y realmente es cierto. Yo recuerdo que antes tenía el pelo más fino y ahora me noto el cabello con la sensación de que está más poblado.

Una de las cosas más importantes de este tratamiento es su capacidad para eliminar el frizz, esa palabra de moda, ¿qué es el frizz? Pues el encrespamiento, pero parece que las palabras en inglés suenan mucho mejor, en fin.

El precio de este tratamiento depende de la largura del pelo, ya que de ello depende los botes que necesiten para hacer la mezcla.

Si vivis por aquí cerquita os recomiendo la peluqueria a la que voy siempre, es la peluquería Martín, esta en algorta en frente de la plaza del metro. Yo estoy encantadisima!!


¿Vosotros qué tratamientos, champús… utilizáis para el cuidado de vuestro cabello?

¿Tenéis algún producto Top?

¡¡Muchos besitos y a disfrutar de este lluvioso dia!!

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Anécdotas y Reflexiones

Historias de un camping

8 marzo, 2017

Desde bien pequeña recuerdo ir con mis padres y mi hermano de camping; pasábamos largas temporadas de acampada, es decir, no éramos de los que cambiábamos cada fin de semana de asentamiento. Era por ello por lo que tanto mis padres como nosotros teníamos la cuadrilla hecha. La verdad es que nunca nos costó mucho hacer amigos, porque siempre hemos sido personas muy abiertas sin muchas taras ni desvaríos! Jaja

El primer camping que yo recuerdo fue el de Frías, uno que estaba situado a pocos kilometros de Burgos y pegado a un castillo que besaba desde arriba el río Ebro.
Hace unos dos años el temporal lo arrasó y ya no queda nada de él, pero en el recuerdo no dejará de formar parte de nuestra infancia a pesar de algo tan inoportuno.
El camping era increíble, tenia diferentes zonas: una, las de los módulos y caravanas; otra, con las casitas de madera. Tenías la opción de ir por el río en un pedaló con tobogán, podías montar en un poni llamado Morito.

Yo siempre he querido veranear en un camping, y a mi marido muchas veces le comento que es una experiencia chulisima. Para mí fueron de los mejores años de mi vida y me encantaría que mis hijas lo vivieran de la misma manera que yo lo viví.

Nosotros pasamos de tener tiendas de campaña a comprar una caravana con un baño, 3 literas y un pequeño saloncito que se convertía en cama de matrimonio-recibidor de todos los mosquitos imaginables; porque esto es así: vivir en la naturaleza tiene sus maravillosas ventajas y sus pequeños riesgos. ¿Os acordáis de cuando a Macauly Culkin en “Mi chica” le pican un montón de abejas…Bien, pues yo me caí de un árbol; aún lo tengo en la memoria: tendría unos 6 años; en frente del camping había un inmenso trigal (sin tigres con hambre) por el que muchas veces nos paseábamos con los caballos y el poni. Había un árbol en mitad de la plantación dorada, árbol que nos veía crecer, no tengo constancia de que se moviera mucho de ahí.

Una tarde, mis amigos y yo decidimos subir. Apoyé la cabeza en una rama y las piernas en otra, y cuando desperté… Estaba en el suelo: ¡menudo hostiazo! Vi a todos mis amigos alrededor y acto seguido perdí la vista de vista; vamos, que dejé de ver.

Me cogieron de los brazos y yo a la gallinita ciega les pedía que no se lo contarán a mis padres. Casualidad que mi madre estaba limpiando y secando los platos en el fregadero mientras se acababa de hacer la lavadora:
-Carmen, hija!! ¿Qué te pasa?
-Pues que me he caído del árbol del pajar y no veo; también me duele la muñeca.
En fin, que por el camping podías andar con total libertad, todos los de la zona nos conocíamos y yo desde bien pequeña iba de un lado a otro sola. Eso si, debía de ser de las de “bocado”.
Mi madre siempre me ha dicho que me llevaban con un cartel en el que ponía: “Cuidado, muerde” y el número de la parcela. Cada cierto tiempo me solían acercar a mi caravana para que a mi madre no se le olvidara mi cara.

Entre mi hermano y yo nos solíamos pasar los días entre médicos y hospitales, y ahora tenemos convalidado tercero de enfermería y un master de punto de cruz.

Una noche en la que mi hermano estaba sentado sobre una jaula de hierro en la que se guardaba el pan, detrás de la recepción, la madre de la dueña se asomó a la ventana para llamarles la atención por el ruido, y mi hermano, del susto, saltó de la cesta y se clavó uno de sus hierros debajo de la rodilla. No sé cuántos miles de puntos le dieron, pero le quedó una cicatriz con el dibujito de Batman (que no le ha restado atractivo. Muy chulo, oye.

Otra vez, mis padres y yo nos fuimos a dar un paseo y cuando llegamos, mi hermano no estaba: le habían llevado al hospital; se había desplomado con la bici por un precipicio por asomarse mucho a ver a unas chicas que debían estar con escasa ropa.
Volvió todo orgulloso con el brazo escayolado y con todas las partes del cuerpo magulladas.
VERSIÓN B (la de mi hermano y, al parecer, la real): iba yo dando un paseo por la costa montado en una bici en la que solamente funcionaba un freno. En ese recorrido se jodió el que quedaba y me dio por bajar una cuesta sin examinar la pendiente. Conclusión: brazo roto, más de diez puntos en la cabeza y heridas por todo el cuerpo (sé que la versión A es más comercial).

Mis padres no ganaban para sustos!!

Una cicatriz que tengo en la ceja es por que reté a una “amiga” a tirarme una piedra.
-¿A que no me la tiras?
Pues sí. Toma pedrada.

Todavía os preguntaréis si de verdad es buena idea llevar a vuestras hijas de camping. Por supuesto que lo es. Como he dicho antes, fueron los mejores años de mi vida; donde tenías esa sensación de libertad y el contacto constante con la naturaleza. Tan pronto podíamos jugar a hacer chipi chapa con las piedras como una guerra de bellotas, hacer equipos para jugar a polis y cacos o simplemente sentarnos a hablar durante horas.

Os recomiendo los campings porque, en parte gracias a ellos, hoy por hoy, soy una persona con juicio y sensata. “Toldos con nata, como con fresones, pan tumaca, pocas cosas hay mejores”.


Esta de la foto soy yo! ☺

¿¿Vosotros habéis estado de camping?? ¡¡Contadme alguna aventurilla!!

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