Destinos

De novios, primera parada: Maldivas.

12 julio, 2017

Después de 5 años sin irnos de vacaciones solos —solos quiero decir mi marido y yo, no me refiero a vacaciones con amigas o excursiones para encontrar el Santo Grial en una verbena de pueblo y volver con la copa de la Santa Borrachera—, decidimos darnos ese capricho, porque creo que no es que sea únicamente necesario tener ese tiempo con tu pareja… es algo obligatorio; cambiar de temas de conversación que no estén relacionados con cacas y biberones para dejarnos llevar a un apartado más romántico que, sin querer, todas las parejas que formamos una familia relegamos con el tiempo sin darnos cuenta.
Teníamos muchas dudas de hacia dónde tirar, lo único que veíamos claro es que necesitábamos relax, ratos para aburrirnos de mirar al horizonte y no pensar en nada; disfrutar de los ruidos del silencio.
Después de mucho meditarlo elegimos hacer las Maldivas-Dubai —que en fotos tenía una pinta estupenda…, pero que en el mapa te encuentro más fácilmente a Wally en San Mamés en un partido contra el Atlético de Madrid—; 7 noches en el primero y 2 noches en el segundo.
Lo primero antes de marchar de vacaciones era la repartición de la carne, es decir, cómo dejamos a las tres alegrías de la casa —no son una, ni dos, pero son menos de cuatro (el acertijo os lo pongo barato)—. Antes de decidirnos los hablamos con nuestros padres; Martina quería irse a Pamplona con mis suegros para poder jugar con su prima Enara, y mi madre, que también se quedaba al cuidado de mi tropa canina y de los residentes de la pecera, se quedaba encantada con las mellis. ¡Ya estaba!: dos para ti y una para ti.
Primer destino, Maldivas con escala en Estambul y montones de hoteles para elegir, a cada cual más bonito. Como en los post me gusta poner algún dato curioso para haceros más entretenida la lectura, os diré que Estambul era conocida como Bizancio y después de ser refundada por Constantino el Grande, como Constantinopla. Ya veis qué chapa os he soltado de un lugar en el que solamente paramos un ratillo. Ya en Maldivas, dependiendo de a cuál de los hoteles vayas, el desplazamiento que haces una vez llegas al aeropuerto de Male es o en una lancha rápida, o en barca normal o en un hidroavión. El hidroavión es como un submarino que no se hunde. Y que vuela. Y que hace mucho ruido. A nosotros nos tocó este último y en el momento en que me tocó subir juro que por unos instantes que preferí ir a nado. Nada más embarcar te dan unos tapones para los oídos para poder soportar el ruido —sí, allí también ponen “Despacito” en todas las emisoras—.

El hotel por el que nos decantamos fue el Niyama Aquum. Dentro de estos hoteles tienes diferentes habitaciones, desde las que están situadas enfrente de la playa hasta las que se edifican sobre el mar —en ambas posibilidades podías elegir con o sin piscina—. Nosotros elegimos las de encima del mar con piscina. Casi todos los hoteles tienen esta opción, pero depende de la cantidad de coral que tengas debajo de tu habitación hará que disfrutes más o menos de ese mar a los pies de tu piscina.

Mis días transcurrieron básicamente en la tumbona, haciendo aquagym, baño en piscina y playa, andar en bici y leer. No hay nada más para hacer… Ah, bueno, y observar; hay algo que realmente me llamaba la atención y era cómo la gran mayoría de los japoneses se bañaban con chaleco salvavidas o bien por qué no sabían nadar o por qué son muy “segurolas”. Os preguntaréis cómo sé que eran japoneses y no puertorriqueños o lámparas Maskrós de Ikea; pues porque soy muy intuitiva.


Cuando llegamos a la habitación teníamos dos bicicletas en la puerta y eran con las que nos desplazábamos a todos los sitios. Al principio me costó pillarle el truco al freno en los pedales: me comí unas cuantas ramas y también un bugui (los coches que utilizan los trabajadores del ressort), ¡pero llegaba entera a los sitios! Los trabajadores de ahí son realmente atentos, amables, siempre dispuestos a ayudarte en todo. Importante decir que todo el hotel disponía de wifi, daba igual en qué parte del hotel estuviera que Don wifi estaba presente, gracias a Dios.
Todas las comidas se hacían en el propio ressort; y también tenías la oportunidad de hacer una de las comidas en un restaurante en medio del mar, el cual alojaba una zona para poder comer, tomar algo, etc…, debajo del mar, mientras observabas los pececillos.
Tengo que decir que Maldivas es para estar como mucho una semana; yo hablaba ya hasta con los cuervos, y si seguía allí mi próximo paso sería hablar con los cocos.
La vuelta fue de nuevo en hidroavión, la parada de éste se hizo en el mismo hotel, pero debido a la marea baja nos tocó ir a nado hasta una plataforma de madera. No, nos recogieron en una lancha rápida —que al parecer es lo que mejor va cuando apenas hay agua, llegar a la plataforma y montarnos en el hidroavión dirección Male, capital de Maldivas… ¡y a Dubai! ¡El siguiente POST os contaré muchas cositas sobre Dubai!

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