Anécdotas y Reflexiones

Watsu

25 abril, 2017

Escribo ahora mientras espero a que mi marido acabe su sesión de Watsu, porque no quiero que se me olviden ninguno de los detalles ni sensaciones que he sentido en esta nueva experiencia para mí.

Watsu es una disciplina de trabajo corporal acuática. Es una técnica muy potente, no solo a nivel físico, sino también para aliviar el estrés mental.

Hemos ido a casa de María, —así se llama la fisioterapeuta y especialista en hidroterapia—; esta técnica la realiza en la piscina de su casa, sin cloro, a una temperatura del agua de entre 34 y 36 grados.

Me he plantado el bañador y ya meter los pies en el agua es una auténtica maravilla. Le he preguntado si me recogía el pelo, ella me ha dicho que como me sintiera más a gusto, así que… melena al viento —o al agua—, me he quitado el reloj y gomas de las muñecas y ella ha empezado a darme unas indicaciones.

Primero me ha puesto en cada pierna un flotador para proteger la zona lumbar; me dice que en el momento en que le dé una señal, apretando sus manos, comenzará la experiencia. Me recomienda que mantenga los ojos cerrados para facilitar la relajación.

Comienza a moverme por la piscina mientras me va tocando diferentes partes del cuerpo, al mantener los oídos dentro del agua solo escucho mi respiración y el movimiento del agua.

Ella guía mi cuerpo en movimientos amplios y fluidos, el agua interviene en este movimiento y facilitando estiramientos más o menos profundos, mi cuerpo se deja llevar relajado. Hay momentos en los que la sensación que tengo es como si me encontrara de nuevo en el vientre materno, en silencio y escuchando solamente mi respiración en el líquido amniótico que rodea mi cuerpo.

Cada movimiento que ella hace con mi cuerpo es sutil, suave, delicado… como cuando alguien coge algo con cuidado para que no se rompa. Me siento bien.

María domina la técnica hasta el punto que puede masajear mi cuello con las dos manos sin dejar de dar sostén al resto de mi cuerpo.
La sesión dura alrededor de 45-60 minutos.

Hay momentos en los que vuelvo a la realidad y solo soy capaz de pensar: “que esto no este llegando a su fin, por favor”. Pero todo lo que tiene un principio tiene un final.

Llega el momento de ir terminando mi sesión, ella me va acercando a uno de los bordes de la piscina, me quita los flotadores de las piernas y noto cómo se van sumergiendo levemente, como las hojas que en otoño se van precipitando de los árboles. Intenta que mis plantas de los pies estén bien apoyadas en el suelo y mi cuerpo esté como sentado. Ella toca mi cuello, mi cabeza.

En el momento en el que apriete mis manos de nuevo se habrá acabado la sesión. Llegó el momento, me toca las manos y se va alejando, dejándome espacio para que una vez que yo abra los ojos tenga la libertad de sumergirme, nadar o simplemente mantenerme en esa posición. Me sumerjo y cuando saco la cabeza del agua solo tengo palabras para decir: ¡ha sido increíble!

Si queréis más información, podéis seguir a WatsuBilbao en Instagram o en Facebook.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*